En 1936 un golpe de estado desencadenó la Guerra Civil Española, que fue acompañada por una represión violenta. Grupos armados iban a buscar a la gente a sus casas o a las cárceles y bajo el eufemismo de "vamos a dar un paseo” los llevaban a cualquier carretera o a las tapias del cementerio y los fusilaban. Los asesinos intentaron borrar sus huellas, puesto que el éxito del levantamiento no estaba garantizado. Mataban sus víctimas lejos de sus domicilios, para que no fuera fácil identificarlos. Para ahorrar recursos escogieron barrancos con una pendiente y la tierra suelta, pozos o simas abandonadas para tirar los cuerpos, arrojar granadas y taparlos luego con escombros. Durante los 39 años de la posterior dictadura franquista se creó un clima del miedo a través de ejecuciones, campos de concentración, tortura y trabajos forzosos.
Hoy hay 114.226 desaparecidos en España, en su mayoría en fosas comunes. Solo Camboya tiene más fosas comunes que España.
Terminada la guerra el bando republicano fue acusado de la comisión de crímenes y juzgado por el bando sublevado. Los delitos de los vencedores nunca fueron investigados ni enjuiciados. En las décadas que siguieron a la muerte de Franco en 1975 no hubo una discusión pública sobre el terror franquista. Un pacto del silencio debió garantizar una transición a la democracia sin dificultades. No fue hasta el comienzo del nuevo milenio que organizaciones no gubernamentales trataron de recuperar la memoria histórica, a menudo contra una feroz resistencia, debido a que los frentes ideológicos siguen presentes hasta hoy en día. En los últimos 15 años se han podido abrir 350 de las 2.382 fosas registradas. Numerosas voces del ámbito jurídico, la ONU, la Comisión Europea, así como diversas asociaciones de víctimas del franquismo sostienen que el bando sublevado cometió actos de genocidio y crímenes contra la humanidad, ya que sus planes incluyeron el exterminio y la persecución sistemática de la oposición política, la violación de las mujeres de la zona republicana o el robo de niños a padres republicanos para eliminar la "contaminación" ideológica.
La serie comprende fotografías de sitios donde se cometieron atrocidades o donde actualmente se encuentran fosas comunes sin abrir o dignificar. Las fotografías fueron tomadas al amanecer o atardecer, la hora preferida para "pasear" y fusilar a la gente. Al ser posible detienen el lugar a la misma hora, el día o la época del año de los hechos. Las imágenes no incluyen personas o restos humanos, pero los lugares están impregnados de las huellas que dejo un acto traumático en el pasado. La serenidad del espacio contrasta con el horror ocurrido hace 80 años y la ausencia de personas rememora y estampa la presencia de las víctimas en el paisaje vacío. El enfoque deja suficiente espacio para que el espectador pueda reflexionar y ofrecer sus propias visiones o memorias.